Entre colas, atajaperros y secuestro bancario: Película “Harta” analizada a lo Venezolano

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Si quieres sentir lo que es vivir un lunes venezolano comprimido en 108 minutos de streaming, dale play a Straw (titulada en español como «Harta») en Netflix y agárrate: Janiyah despierta con el combo perfecto para desquiciar a cualquiera — despido, desalojo inminente y la hija enferma — y termina improvisando un secuestro bancario. Mientras ella pelea por cobrar su último cheque, tú recuerdas aquella vez que hiciste tres horas de cola en el banco para oír el temible “Se cayó el sistema”. Empatía instantánea, mi pana.

Tyler Perry no se anda con sutilezas: apunta con megáfono y te grita que la precariedad tiene límite. Pero los venezolanos tenemos un postgrado y doctorado en eso. Cuando Janiyah estalla, uno piensa: “yo también lo haría si se me vuelve a quemar un aire acondicionado por las idas de luz”. Mientras ella negocia con rehenes, nosotros pactamos con el bodeguero: “anótame la Harina P.A.N. y te pago el viernes”.

Taraji P. Henson carga la cinta completica, sudando angustia y arrechera a partes iguales. Eso rescata un guion que, por momentos, sermonea más que el apagón sorpresa que te deja a oscuras justo cuando ibas a calentar la cena y solo tienes cocina eléctrica: no hay manera de ignorarlo. Aun así, el ritmo no afloja; te agarra como cuando corre la voz de que llegó el agua y sales con todos los tobos porque sabes que en quince minutos vuelves a la sequía. Y sí, el final trae moraleja resaltada en neón, pero uno lo deja pasar: estamos vacunados contra los discursos.

La reflexión con chispa: Straw / Harta nos recuerda que cada quien tiene su última gota que rebosa el vaso (o un lío). Para Janiyah es un cheque que no puede cobrar; para quien vive en el interior, el cuarto apagón del día; para quien emigró, ese alquiler que sube de un mes a otro sin explicación. El mensaje es sencillo: la resiliencia caduca y, a veces, explotar es la única forma de decir “¡ya basta, vale!”.

¿Vale la pena verla? Claro. Indigna, provoca carcajadas nerviosas y deja ganas de abrazar a la primera cajera que te da vuelto exacto en divisas. Además, recuerda que la injusticia se disfraza distinto en Atlanta, Caracas o Madrid; solo cambia el acento del vigilante.

En fin, Straw (Harta) es como una papa caliente que pasa de mano en mano hasta que quema. Si al acabar sientes alivio, celebra: no tomaste rehenes y todavía tienes saldo para otra peli. Si, por el contrario, te entran ganas de estrellar la pantalla, respira hondo, prende el ventilador — que el aire no llega — y repite: “no voy a dejar que esto sea lo que me haga reventar”.

¿Ya tuviste tu propio ataja perro hoy: se fue la luz antes de cargar el celular, el agua salió turbia o por el contrario nunca llegó? Suéltalo en los comentarios. Compartir las desgracias ajenas nos hace reír un ratico y, quién sabe, hasta aligera el bulto.

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